Prestando atención a los detalles vemos que el jinete maneja las riendas de su montura con la mano izquierda, mientras que con la derecha empuña su verdadera arma: un crismón a modo de lábaro con el que va a vencer a su oponente merced a la ayuda de un ángel.
No es esta una escena frecuente cuando lo habitual son grupos apostólicos o escenas del Antiguo Testamento. Tampoco es habitual en la historia el hecho de que un rey cristiano, previendo su final sin descendencia, en su campaña de Bayona de 1131 nombrara herederas del reino a las ordenes militares. Es el mismo año en que se consagra el templo por su compañero de campañas militares, el obispo Arnaldo Dodón. Quizá esa circunstancia sea la que inspiró la escena del caballero fiado de su victoria al crismón más que a lanza o espada, que no porta. Su tranquila expresión traduce su fe.