Al abrigo de una construcción de mampostería
en piedra caliza, y antaño con tejado de losas, se conserva una herrería tradicional.
En su interior aún pueden verse el antiguo yunque, el fuelle y la fragua.
El de herrero era uno de los muchos oficios existentes en el pueblo. A él acudían los hombres para herrar sus caballerías y luziar las rejas de los arados.
Estos trabajos habituales se cobraban una vez al año, lo que se conocía como conduta. Otros encargos (barandillas, verjas,…) debían pagarse al contado con trigo.
Anejo a la herrería, y abierto a la plaza, se construyó el “Cubierto”. Techado a dos aguas y con un banco de piedra corrido en su interior, en él los lecineses han debatido los asuntos del Concejo durante siglos.